Las finanzas éticas y solidarias son aquellas que hacen compatible la rentabilidad económica y financiera con la consecución de objetivos sociales y ambientales.

Se trata de incorporar la ética a lo largo de todo el proceso de financiación, captando el ahorro de la ciudadanía y canalizándolo hacia la financiación de entidades y de empresas aplicando criterios éticos, sociales y ambientales.

Desde la óptica de las finanzas éticas, los beneficios económicos están intrínsecamente ligados a los beneficios sociales y ambientales. Si un banco ético sólo considerara los beneficios económicos, pasaría a ser tan solo un banco, y si únicamente se fijara en los beneficios ambientales y sociales, dejaría de ser un banco.

Principios

  • TRIPLE BENEFICIO: Se invierte en proyectos con un alto impacto social, ambiental y cultural. Las finanzas éticas facilitan el acceso al crédito a colectivos que tradicionalmente habían sido excluidos.
  • ECONOMÍA REAL: las finanzas éticas no invierten en actividades especulativas, sino en economía real y especialmente en aquella economía que, como la social y solidaria, transforman en positivo la sociedad poniendo en el centro a las personas y el planeta.
  • PARTICIPACIÓN: Se promueven las formas organizativas que faciliten la participación democrática. A menudo, las entidades financieras éticas son cooperativas, donde las personas socias deciden sobre las políticas básicas de la entidad con independencia del capital aportado: una persona equivale a un voto.
  • TRANSPARENCIA: Se garantiza el principio de transparencia de las personas o las entidades ahorradoras, que saben a quién y por qué están sirviendo sus ahorros. Las entidades financieras éticas informan periódicamente a las personas socias y clientes sobre los proyectos financiados.
  • CULTURA ÉTICA: La ética se entiende como un proceso de reflexión constante en la aplicación de los criterios de inversión y de concesión de créditos.
  • NO CON MI DINERO: La coherencia entre nuestros valores y el destino de nuestro dinero implica excluir las inversiones en sectores nocivos para la sociedad y el planeta (armamento, especulación, actividades contaminantes, etc.).